Hace tiempo que recibo una visita rutinaria de forma inesperada. Todos los días a la misma hora. Sin avisar que volverá al día siguiente se va como ha venido, por donde ha venido, para lo que ha venido.
Se presenta de la mano con su pareja, inseparable, cada día con un vestido nuevo, maquillada de ilusión, con polvos de arrogancia y contorno de descaro. Aún así, todas las veces le abro la puerta, casi consciente de que si no lo hago, un día se cansará y la echará abajo. Se siente como en casa, sabedora de que un día fue suya, y actúa con desmedida parsimonia. Llega, se sienta y sin pensárselo dos veces me abofetea, a turnos con su simbionte con unas palabras que siempre suenan familiares, pero recordadas casi por otro. Una tras otra, siento como van calando hondo, como van entrando como una pequeña familia de hormigas hasta llegar, con ese ritmo de llovizna que siempre me ha puesto nervioso, constante y demoledor, como elefantes en el Serengeti.
Cuando por fin han llegado a su destino, oigo como un pequeño chirrío, algo casi imperceptible, lejano, arcaico. Se va haciendo más intenso, ligeramente más próximo, empiezo a distinguir los sonidos y noto como si se acercara. Cada vez más. Y más. Cuando me quiero dar cuenta, zumba repentino en mi oído, y me parece atronador, tanto que tengo que cubrirme las orejas con las manos, a sabiendas que el sonido no venía de fuera. Es ensordecedor, por Dios, joder para ya!
Y se detiene. Se levanta y se va, la pareja de siempre, con su actitud de siempre, sin siquiera sonreir, pues no disfrutan haciendo eso. Se reverencian ante mi en la salida, y por fin, se van. Y yo pienso que nunca más volveré a verlos, deseo que por favor no vuelva a verlos. Y al día siguiente pican otra vez, escruto la mirilla temeroso, y ahí están otra vez.
Nostalgia y Melancolía
Bienvenido
Elegantemente torpe
Torpemente elegante
Torpemente elegante
18 de noviembre de 2011
21 de agosto de 2011
Desde Barna con amor
Bienvenido. Estamos aquí reunidos para oficiar el funeral de mi propio corazón. Lo voy a enterrar bien hondo, ya lo he puesto a cubierto en una jaula, pero aun por minúsculos que sean los agujeros para que pueda respirar, con cada bocanada de aire se le cuelan motas de recuerdos, partículas de tu nombre, ácaros de sentimientos.
Ya estoy cansado de no poder dormir, desoyendo los sollozos ahogados de un penoso pedacito de mi. Siempre lo he considerado imprescindible, pero el hígado no te causa ese dolor psicológico tan intenso. Odio no poder apagarlo. Un simple click y que todas las penas remitan. Poder sufrir a voluntad, pero solo por lo que consideremos merezca la pena. Poder filtrar lo que te afecte y en que medida.
Olvidar a alguien de verdad, sin ese bofetón de inseguridad que genera volver a verlo. Perdonar a cualquiera con la certeza de que ningún maldito resquicio se quedara al acecho en una aorta carmesí, acumulando fuerza para un día, escaparse hacia la boca con uno de los miles de latidos.
Que placer vivir controlando la infinitud de pequeños descontroles que suponen un corazón desbocado.
Su epitafio: "enterrado por desazones, ya latiendo luego"
Ya estoy cansado de no poder dormir, desoyendo los sollozos ahogados de un penoso pedacito de mi. Siempre lo he considerado imprescindible, pero el hígado no te causa ese dolor psicológico tan intenso. Odio no poder apagarlo. Un simple click y que todas las penas remitan. Poder sufrir a voluntad, pero solo por lo que consideremos merezca la pena. Poder filtrar lo que te afecte y en que medida.
Olvidar a alguien de verdad, sin ese bofetón de inseguridad que genera volver a verlo. Perdonar a cualquiera con la certeza de que ningún maldito resquicio se quedara al acecho en una aorta carmesí, acumulando fuerza para un día, escaparse hacia la boca con uno de los miles de latidos.
Que placer vivir controlando la infinitud de pequeños descontroles que suponen un corazón desbocado.
Su epitafio: "enterrado por desazones, ya latiendo luego"
9 de junio de 2011
DesAstro
Y ya era verano... Aunque no lo parecía. Las nubes poblaban el cielo, habían robado al Sol su trono y le tenían amordazado en el sótano del universo, sin que nadie pudiera hacer nada para liberarlo. Y claro, cuando el cielo está cubierto, los pensamientos afloran y dan sus frutos, si bien aún no están del todo maduros.
Hablando con la soledad, me ha contado que está harta de compartir habitación conmigo. Dejo todo lleno de recuerdos muy vivos, y dice que así ella no puede trabajar tranquila. Prefiere irse a un lugar más apartado. Viene a visitarme cada mañana, pero no me habla, solo me mira desde su indiferencia e incredulidad. No puede creerse que aún tenga fuerzas para planear, cuando ella sabe que no tengo con quien aterrizar.
Porque claro, a sí misma no se cuenta. Si la soledad fuera una, nadie estaría solo, y eso en sí deja de ser desolador. Así que tiene razón, pero a mi no me importa. El cielo nublado me ayuda a pensar, y a ella la recluyo en el exilio de mi compañía.
La última vez que pensé en abandonarla, se puso tan furiosa, que convenció a su primo el destino para que dictara sentencia. Condenado a la distancia. Medidas cautelares, creo que fueron las palabras. El caso es que echo de menos, echar de menos. Añoro la nostalgia de extrañar a alguien, la melancolía de haber dado un paso hacia el frente, cuando lo di hacia el costado.
Así que haré un pacto con el Sol. Yo me encargo de devolverle su preciado trono en la cúpula celeste, y el a cambio me iluminara el camino hacia donde ahora vive la soledad. Y así, cuando el Sol se vaya a descansar, podré apuñalar el corazón podre y ponzoñoso de la pobre y ausente soledad.
Hablando con la soledad, me ha contado que está harta de compartir habitación conmigo. Dejo todo lleno de recuerdos muy vivos, y dice que así ella no puede trabajar tranquila. Prefiere irse a un lugar más apartado. Viene a visitarme cada mañana, pero no me habla, solo me mira desde su indiferencia e incredulidad. No puede creerse que aún tenga fuerzas para planear, cuando ella sabe que no tengo con quien aterrizar.
Porque claro, a sí misma no se cuenta. Si la soledad fuera una, nadie estaría solo, y eso en sí deja de ser desolador. Así que tiene razón, pero a mi no me importa. El cielo nublado me ayuda a pensar, y a ella la recluyo en el exilio de mi compañía.
La última vez que pensé en abandonarla, se puso tan furiosa, que convenció a su primo el destino para que dictara sentencia. Condenado a la distancia. Medidas cautelares, creo que fueron las palabras. El caso es que echo de menos, echar de menos. Añoro la nostalgia de extrañar a alguien, la melancolía de haber dado un paso hacia el frente, cuando lo di hacia el costado.
Así que haré un pacto con el Sol. Yo me encargo de devolverle su preciado trono en la cúpula celeste, y el a cambio me iluminara el camino hacia donde ahora vive la soledad. Y así, cuando el Sol se vaya a descansar, podré apuñalar el corazón podre y ponzoñoso de la pobre y ausente soledad.
11 de mayo de 2011
Bienvenido a mis recuerdos
Hace ya más de 10 meses que se fue. Y justo ahora que me estoy planteando cuanto tiempo es eso, noto como se me encoje el corazón. Literalmente. No creo que por casualidad, pero mi rutina me ha separado muchísimo de cualquier atisbo de recuerdo, por minúsculo que sea. Ya no tengo por qué pasar por esa calle tan fría. Ya no tengo que esperar el bus apenas unas manzanas al sur. Ya no recibo descargas al ver a una persona menuda con gafas desproporcionadas tras las que se esconden una suerte de ojos que ya no ven más allá de su nariz y su vejez.
No resulta un consuelo. No quiero olvidarla, no puedo olvidarla. Se lo debo. No tengo muy claro que haya un más allá. Que siga velando por mi, como se suele decir. Espero que no lo haga, no me gustaría decepcionarla. Pero contradictoriamente como soy yo, me encantaría que me viera dentro de doce dias. Su nieto por fin ha cumplido veinte años, sigue siendo un niño, claro. Pero veinte ya parecen años suficientes para poder hablar de política, sexo, drogas y rock and roll sin que lo que digas caiga en el saco roto de las inhertes palabras de un adolescente agujereado. Si el tiempo funcionara para atrás, aunque solo fuera en su caso, podría llevarla al teatro y dejarla presumir de abrigo de bisón y nieto resultón. Acompañarla en paseos cada vez más largos y dejarla abrazarme cada vez que soplase una vela más.
Pero no funciona así. Es incansable e imperturbable. Pretende ganarme en esta carrera, pero sé lo que pasará si el gana. Que yo la perderé a ella. Y eso no puede ser, nunca llegarás antes que yo. Ni tú ni nadie.
Por ella.
No resulta un consuelo. No quiero olvidarla, no puedo olvidarla. Se lo debo. No tengo muy claro que haya un más allá. Que siga velando por mi, como se suele decir. Espero que no lo haga, no me gustaría decepcionarla. Pero contradictoriamente como soy yo, me encantaría que me viera dentro de doce dias. Su nieto por fin ha cumplido veinte años, sigue siendo un niño, claro. Pero veinte ya parecen años suficientes para poder hablar de política, sexo, drogas y rock and roll sin que lo que digas caiga en el saco roto de las inhertes palabras de un adolescente agujereado. Si el tiempo funcionara para atrás, aunque solo fuera en su caso, podría llevarla al teatro y dejarla presumir de abrigo de bisón y nieto resultón. Acompañarla en paseos cada vez más largos y dejarla abrazarme cada vez que soplase una vela más.
Pero no funciona así. Es incansable e imperturbable. Pretende ganarme en esta carrera, pero sé lo que pasará si el gana. Que yo la perderé a ella. Y eso no puede ser, nunca llegarás antes que yo. Ni tú ni nadie.
Por ella.
27 de marzo de 2011
Las cosas de batracio van despacio
Volver. Volver solo puedes hacerlo cuando en algún momento te has ido, y verdaderamente Gregory tenía la mala costumbre de quedarse en todos los sitios a los que sentía haber pertenecido alguna vez. Metafóricamente claro, por mucho que le gustara, la teletransportación no era una de sus habilidades.
El tiempo que lleva sin transmitirme noticias me temo que ha sido tiempo de volver verdaderamente a un sitio que fue su casa. Y que la nostalgia y el recuerdo embriagan completamente a cada paso que le llevaba más y más dentro. Cruzaba un marco de puerta y se daba de bruces con unas sensaciones increíbles. No por emotivas, que también, sino por vivas. Parecían seguir desarrollándose mientras él, espectador de su propia vida, disfrutaba una vez más de algo que creía enterrado. Maravillosa fue la sensación de nunca haber abandonado el hogar de tantas vidas en continuo movimiento. Pertenecer sin saberlo a tantas y tantas decisiones con un simple empujón de más o de menos.
No lloró, porque es incapaz de que broten lágrimas cuando son suyos los problemas, creo que ya lo sabréis. Pero creo que sintió que el corazón sí que le late aunque muchas veces le lata en la dirección equivocada. Malditos latidos, qué exigentes son. Siempre están pensando qué le falta a ese otro pobre corazón para poder acercarse al suyo, y por su aorta que lo termina encontrando.
-Llevas solo desde que te conozco. Nunca te he visto querer a nadie, y no lo entiendo. Ha habido gente verdaderamente valiosa a tu alrededor, ¿o es que no lo ves?- le dije un día de playa.
-Claro que lo veo, pero o pienso que no son para mi, o que no soy para ellas- respondió tumbado sobre su toalla.
-Eso no tiene sentido, siempre he oído eso de que hay que besar muchos sapos...- alegué.
-Primero, yo no quiero un príncipe azul, no me gustan los príncipes ni el azul. Y segundo, no estoy dispuesto a coger y devolver al suelo a todos esos sapos, creo que pueden sentirse ofendidos. ¿O es que nadie piensa en los sapos?- contestó esbozando media sonrisa.
-Siempre dándole la vuelta a la tortilla, pero no me has contestado- dije a sabiendas de que no le sonsacaría nada más.
El tiempo que lleva sin transmitirme noticias me temo que ha sido tiempo de volver verdaderamente a un sitio que fue su casa. Y que la nostalgia y el recuerdo embriagan completamente a cada paso que le llevaba más y más dentro. Cruzaba un marco de puerta y se daba de bruces con unas sensaciones increíbles. No por emotivas, que también, sino por vivas. Parecían seguir desarrollándose mientras él, espectador de su propia vida, disfrutaba una vez más de algo que creía enterrado. Maravillosa fue la sensación de nunca haber abandonado el hogar de tantas vidas en continuo movimiento. Pertenecer sin saberlo a tantas y tantas decisiones con un simple empujón de más o de menos.
No lloró, porque es incapaz de que broten lágrimas cuando son suyos los problemas, creo que ya lo sabréis. Pero creo que sintió que el corazón sí que le late aunque muchas veces le lata en la dirección equivocada. Malditos latidos, qué exigentes son. Siempre están pensando qué le falta a ese otro pobre corazón para poder acercarse al suyo, y por su aorta que lo termina encontrando.
-Llevas solo desde que te conozco. Nunca te he visto querer a nadie, y no lo entiendo. Ha habido gente verdaderamente valiosa a tu alrededor, ¿o es que no lo ves?- le dije un día de playa.
-Claro que lo veo, pero o pienso que no son para mi, o que no soy para ellas- respondió tumbado sobre su toalla.
-Eso no tiene sentido, siempre he oído eso de que hay que besar muchos sapos...- alegué.
-Primero, yo no quiero un príncipe azul, no me gustan los príncipes ni el azul. Y segundo, no estoy dispuesto a coger y devolver al suelo a todos esos sapos, creo que pueden sentirse ofendidos. ¿O es que nadie piensa en los sapos?- contestó esbozando media sonrisa.
-Siempre dándole la vuelta a la tortilla, pero no me has contestado- dije a sabiendas de que no le sonsacaría nada más.
2 de marzo de 2011
En la vida conocí
Le costaba horrores contar sus problemas, preocupaciones, ambiciones, penas y alegrías. Era la persona más locuaz y elocuente que conocía, pero solo cuando no hablaba de si mismo. Ahí una sombra se cernía sobre su garganta y rápidamente desviaba la conversación. Realmente nunca entendí porque lo hacía, y creo que él tampoco. Le resultaba mucho más fácil hablar de si mismo como si de otra persona se tratara, por eso al verse reflejado en situaciones ajenas, se disparaba esa lengua y ese cerebro, que era su pistola, apretaba el gatillo.
Como todo el mundo tenía sus problemas claro, pero creía que si no los exteriorizaba, los demás no se darían cuenta. Y creo que realmente lo lograba a veces. Su vida resultaba un misterio incluso para sus amigos, y eso que esa faceta suya le dolía de sobremanera cuando se daba cuenta del daño que hacía a sus amigos cuando no confiaba en ellos. Pero no era eso. Claro que confiaba en sus seres queridos, por supuesto. Simplemente no era capaz de hablar de ello. Le desconcertaba, pero un nudo en el estómago y un fuerte pinchazo detrás de la cabeza le hacían obviar los sentimientos de los oyentes y cambiaba bruscamente de tema. Perdió gente por esa mala costumbre, pero creo que no se arrepiente de ello, al menos por el lastre perdido.
Pero él no querrá contárselo.
15 de febrero de 2011
Si capitán mi capitán
El pequeño Gregory, siempre siempre, madura antes que los demás. Eso si, suele encontrarse con alguien con la cabeza mucho mejor amueblada que le ayude a hacerlo.
Por fin se ha dado cuenta de que, por mucho que adore la compañía de su soldedad, sin todas las personas que le rodean, o que alguna vez lo han hecho, no sería la persona que ahora es. Y es que otra vez, a base de una decepción, ha crecido. Y no literalmente, que ya no tiene edad.
Cada vez analiza las cosas importantes con más templanza, y se toma las guasas con más humor que antes, si cabe. La toma de decisiones ya no le asusta, y claro, sin miedo todo se hace mejor. Acierta, y eso le hace tener experiencia y tomar la siguiente con más firmeza y acierto. Siempre había oido que la suerte no se encuentra, se trabaja.
Dos tipos de suerte ha conocido. La suerte, y La Suerte. La primera, de la que todos habéis oido hablar. La fortuna, encontrar un regalo donde no te lo esperas. Un libro en un banco, un abrazo de alguien que no esperas, una moneda de un euro en un pantalón que no te ponías en años. La otra es la más importante, la que ganas con los años. La Suerte que te creas tu mismo. Tendrás Suerte de encontrar un buen amigo, si lo culitivas con esmero, lo atiendes sin reparos y lo cuidas sin contemplaciones. La Suerte con mayúsculas requiere una inversión, trabajo de por medio. Para hallarla, necesitas crear un buen ambiente, allanar el terreno que se dice.
La primera reporta gran satisfacción por la sorpresa de tu hallazgo, pero qué dulce es la sensación de que te mereces lo que te está pasando. Qué tierna envoltura la del trabajo recompensado...y con creces.
Todo eso ha aprendido el pequeño Gregory, cuando aún no ha cumplido ni tan siquiera cuatro lustros. Todo eso ha aprendido el pequeño Gregory gracias a cada uno de los personajes de esa gran obra de su vida. A ti, que estás leyendo, ¿debería darte las gracias?
Quizás tengas...¿suerte?
Por fin se ha dado cuenta de que, por mucho que adore la compañía de su soldedad, sin todas las personas que le rodean, o que alguna vez lo han hecho, no sería la persona que ahora es. Y es que otra vez, a base de una decepción, ha crecido. Y no literalmente, que ya no tiene edad.
Cada vez analiza las cosas importantes con más templanza, y se toma las guasas con más humor que antes, si cabe. La toma de decisiones ya no le asusta, y claro, sin miedo todo se hace mejor. Acierta, y eso le hace tener experiencia y tomar la siguiente con más firmeza y acierto. Siempre había oido que la suerte no se encuentra, se trabaja.
Dos tipos de suerte ha conocido. La suerte, y La Suerte. La primera, de la que todos habéis oido hablar. La fortuna, encontrar un regalo donde no te lo esperas. Un libro en un banco, un abrazo de alguien que no esperas, una moneda de un euro en un pantalón que no te ponías en años. La otra es la más importante, la que ganas con los años. La Suerte que te creas tu mismo. Tendrás Suerte de encontrar un buen amigo, si lo culitivas con esmero, lo atiendes sin reparos y lo cuidas sin contemplaciones. La Suerte con mayúsculas requiere una inversión, trabajo de por medio. Para hallarla, necesitas crear un buen ambiente, allanar el terreno que se dice.
La primera reporta gran satisfacción por la sorpresa de tu hallazgo, pero qué dulce es la sensación de que te mereces lo que te está pasando. Qué tierna envoltura la del trabajo recompensado...y con creces.
Todo eso ha aprendido el pequeño Gregory, cuando aún no ha cumplido ni tan siquiera cuatro lustros. Todo eso ha aprendido el pequeño Gregory gracias a cada uno de los personajes de esa gran obra de su vida. A ti, que estás leyendo, ¿debería darte las gracias?
Quizás tengas...¿suerte?
8 de febrero de 2011
Karmadicto
Verdaderamente se sentía bien. Nada hacía que no pudiera estar así, pero inexplicablemente aunque no haya ningún motivo para no estar feliz, casi nadie consigue llegar a su Nirvana.
Él había llegado al suyo propio, aunque sin pedir permiso. Las cosas le salían bien, planeaba y sus planes se iban al traste sí, pero ya no le frustraba en absoluto porque le encantaba planear a sabiendas de su fracaso.
-Viajaremos a Madagascar...o mejor aún, a la Isla de Pascua, sabes que siempre he querido ir a ver esos cabezones de decenas de toneladas-decía con ese chisporroteo en los ojos, el de las ideas que le volvían loco.
-No vamos a ir a ningún lado, y lo sabes-cortaba ella desde su escondrijo.
-No me importa si vamos o no, sólo quiero estar contigo...-y sonriendo añadió- y tú quieres venir conmigo a donde sea.
-¿Qué te hace pensar eso?-preguntó con la rapidez que la caracterizaba-
-Esa sonrisa que intentas esconder, y ese hoyuelo inconfundible que me vuelve loco-dijo completamente enamorado.
Ella hizo el silencio, y luego añadió:
-Ayer soñé contigo.
-Grr-bromeó él, pero ella le interrumpió.
-Déjame contarte lo que soñé. Que tu y yo nos separábamos. Que el tiempo, y no un reloj de arena enorme, tan solo unos pequeños granos que se filtraban por la ranura de un pequeño recipiente de cristal, era suficiente para que te olvidaras de mi. Intentaba atraparte, pero impasible me mirabas con una sonrisa pintada en la cara. No sonreías, sólo fingías una sonrisa...-dudó un instante-no quiero que eso pase. No quiero pasarlo mal. No quiero perderte. No quiero sufrir. No quiero seguir con esto. Ya no. No te quiero.
-Si te conociera, podría llegar a decir que nunca lo has hecho.
Y allí, en ese momento, el Nirvana le estalló en la cara.
Él había llegado al suyo propio, aunque sin pedir permiso. Las cosas le salían bien, planeaba y sus planes se iban al traste sí, pero ya no le frustraba en absoluto porque le encantaba planear a sabiendas de su fracaso.
-Viajaremos a Madagascar...o mejor aún, a la Isla de Pascua, sabes que siempre he querido ir a ver esos cabezones de decenas de toneladas-decía con ese chisporroteo en los ojos, el de las ideas que le volvían loco.
-No vamos a ir a ningún lado, y lo sabes-cortaba ella desde su escondrijo.
-No me importa si vamos o no, sólo quiero estar contigo...-y sonriendo añadió- y tú quieres venir conmigo a donde sea.
-¿Qué te hace pensar eso?-preguntó con la rapidez que la caracterizaba-
-Esa sonrisa que intentas esconder, y ese hoyuelo inconfundible que me vuelve loco-dijo completamente enamorado.
Ella hizo el silencio, y luego añadió:
-Ayer soñé contigo.
-Grr-bromeó él, pero ella le interrumpió.
-Déjame contarte lo que soñé. Que tu y yo nos separábamos. Que el tiempo, y no un reloj de arena enorme, tan solo unos pequeños granos que se filtraban por la ranura de un pequeño recipiente de cristal, era suficiente para que te olvidaras de mi. Intentaba atraparte, pero impasible me mirabas con una sonrisa pintada en la cara. No sonreías, sólo fingías una sonrisa...-dudó un instante-no quiero que eso pase. No quiero pasarlo mal. No quiero perderte. No quiero sufrir. No quiero seguir con esto. Ya no. No te quiero.
-Si te conociera, podría llegar a decir que nunca lo has hecho.
Y allí, en ese momento, el Nirvana le estalló en la cara.
31 de enero de 2011
A mi futura ex-mujer
Ahí estaba otra vez. Si es que alguna vez había salido de allí.
Las cosas habían cambiado si, pero él volvía a sentirse como antes, Gregory volvía a juntar los brazos creyendo abrazar algo, pero lo que imaginaba entre sus brazos no existía. Y puede que no hubiera existido nunca. Era doloroso recordar la estúpida forma en la que había creído que podía cambiar algo inmutable. Porque verdaderamente se había pensado capaz de hacerlo. Qué estúpido has sido Greg, y cómo lo sabes.
Tiene que entenderlo, pese a que las circunstancias eran las mismas, el planteamiento fue completamente distinto.
Pobre chiquitín, pensaba con los sentimientos, y resultó ser que había que pensar con la cabeza. Craso error. Pudo salirle mucho más caro de los disgustos que pagó. Pero al final, era una historia de dos, y uno no quería querer. Pero como siempre, consigue darle la vuelta a todo.
-Ha merecido la pena, y habría merecido aún más la pena haberlo intentado-sentencia si le preguntas.
-Estás loco, sabes perfectamente que estabas abocado al fracaso, y no podías arrastrarla a ella contigo, lo sabes-le dije una vez.
-Claro que lo sé, no te mentiré, sabía que íbamos derechos al abismo y ninguno llevaba paracaídas-dijo con sus ojos fijos en los mios-pero desde ahí arriba la vista era magnífica y la caída no habría sido tan dura... Claro que...-dudó un instante y sus pequeños ojos verdes se iluminaron-no podía permitir que ella se hiciera daño al llegar al suelo.
-Te diré una última cosa-continuó con una mezcla de firmeza y dulzura, solo propia de él-pregunta a quien quieras, pide a una plaza repleta de gente que levanten la mano si no lloran al pensar en los platos que su abuela preparaba como nadie.
Y así, como solía hacer, me dejó sin palabras.
Las cosas habían cambiado si, pero él volvía a sentirse como antes, Gregory volvía a juntar los brazos creyendo abrazar algo, pero lo que imaginaba entre sus brazos no existía. Y puede que no hubiera existido nunca. Era doloroso recordar la estúpida forma en la que había creído que podía cambiar algo inmutable. Porque verdaderamente se había pensado capaz de hacerlo. Qué estúpido has sido Greg, y cómo lo sabes.
Tiene que entenderlo, pese a que las circunstancias eran las mismas, el planteamiento fue completamente distinto.
Pobre chiquitín, pensaba con los sentimientos, y resultó ser que había que pensar con la cabeza. Craso error. Pudo salirle mucho más caro de los disgustos que pagó. Pero al final, era una historia de dos, y uno no quería querer. Pero como siempre, consigue darle la vuelta a todo.
-Ha merecido la pena, y habría merecido aún más la pena haberlo intentado-sentencia si le preguntas.
-Estás loco, sabes perfectamente que estabas abocado al fracaso, y no podías arrastrarla a ella contigo, lo sabes-le dije una vez.
-Claro que lo sé, no te mentiré, sabía que íbamos derechos al abismo y ninguno llevaba paracaídas-dijo con sus ojos fijos en los mios-pero desde ahí arriba la vista era magnífica y la caída no habría sido tan dura... Claro que...-dudó un instante y sus pequeños ojos verdes se iluminaron-no podía permitir que ella se hiciera daño al llegar al suelo.
-Te diré una última cosa-continuó con una mezcla de firmeza y dulzura, solo propia de él-pregunta a quien quieras, pide a una plaza repleta de gente que levanten la mano si no lloran al pensar en los platos que su abuela preparaba como nadie.
Y así, como solía hacer, me dejó sin palabras.
22 de enero de 2011
Tal día como hoy
-¿Recuerdas que dia es hoy?-le preguntó nuestro minúsculo amigo a su joven compañera.
-Sabes que no me gusta celebrarlo, y más en estas fechas-respondió ella-. Sería muy irresponsable por mi parte.
Ella, como siempre, a pesar de la edad de ambos, pensaba siempre con la cabeza. Gregory, para variar, pensaba con todo lo demás.
-Sabes que no me gusta celebrarlo, y más en estas fechas-respondió ella-. Sería muy irresponsable por mi parte.
Ella, como siempre, a pesar de la edad de ambos, pensaba siempre con la cabeza. Gregory, para variar, pensaba con todo lo demás.
-Vamos guapita, no creo que tengas tantas obligaciones como para obviarlo-dijo Greg sin intentar enmascarar el sarcasmo que le caracterizaba.
-Qué fácil es para ti, como nunca tienes nada en que pensar... Sólo te dedicas a jugar, siempre estás jugando, y yo estoy harta de tus juegos. No hay nada que celebrar-respondió con dureza.
Aunque siempre parecía ajeno a todo, este comentario atravesó bruscamente el cuerpo de Gregory. No por el contenido, tantas veces repetido que formaba parte de la rutina de su vida, como si perteneciera a su banda sonora particular. Le dolía oirselo decir a ella, nunca le había disgustado ese aspecto de él. Ella le recompensaba sus esfuerzos con carcajadas siempre que lo merecía, y no habia nada en todo el Universo que hiciera a Gregory más feliz. Nada en todo el ancho vacío, nada en absoluto. Y no oir su risa en su día le enfurecía de sobremanera.
-Pues yo voy a celebrarlo, contigo o sin ti-sentenció, orgulloso de su decisión.
-Eres como un niño, ¿tienes que salirte siempre con la tuya?-contestó ella, sabiendo que una vez más, ella había ganado-¿como vas a celebrar mi propio cumpleaños sin mi?
-Ya me inventaré algo, sabes que soy el Rey de la improvisación-.
-Ese título no existe-rió ella.
-Ahora si, ¿quieres ser mi Reina?-.
Y cambiando el final, dejándole ganar como tantas veces hacía, cogió esa mano que se le ofrecía y, juntos, con sus nuevas coronas, fueron a celebrar que desde un día como hoy hacía un año, ella tiene dieciocho años.
10 de enero de 2011
Lo que no ves
-Qué manos más frías-gritó el pequeño Gregory mientras cruzaba la calle cogido de su menudo acompañante.
-Tú las tienes ardiendo-respondió esa voz familiar que el niño adoraba.
-Es porque las llevo en el bosillo, deberías probarlo-se burló.
-Ya sabes que no puedo, este bastón no se sujeta solo y tú seguro que te escaparías en cada semáforo-contestó el anciano, pero su único espectador jugaba ya entre los columpios.
Cuando Gregory entraba en el parque, parecía ajeno a todo. Cada niño y cada niña se convertían en objeto para sus juegos, voluntaria e involuntariamente. Tenía desde pequeño una innata facilidad para que los demás intentaran imitarle y le siguieran, por muy alto que fuera el árbol al que le apeteciera encaramarse. Parecía en una burbuja. Parecía. Porque había algo que no lograba quitarse de la cabeza, aunque verdaderamente no quisiera hacerlo. Y era nada más y nada menos que su acompañante de manos gélidas. Aquel hombrecillo sentado en un banco que seguía fijamente con la mirada cada uno de sus movimientos, y saltaba con la agilidad que los años aún no le habían robado, cada vez que su protegido amagaba con caerse o chocarse.
Ése, que le llevaba al parque sin falta cada día que compartían, o le hacia reír en casa si el tiempo del norte les jugaba una mala pasada. Ése que el pequeño Gregory contaba fuera eterno, pero que un día sus manos dejaron de agarrar. Ése al que aún echa de menos.
Su abuelo.
Su abuelo.
5 de enero de 2011
Lady
+Tranquila cariño, yo puedo ofrecerte el mundo, en pequeñas porciones, en granitos de arena, en hojitas de arce y hasta en montañas enteras.
-¿Por qué eres asi conmigo? Quiero decir, ¿por qué yo?
+No lo se, un dia un tren pasó por delante de mi en el momento oportuno, yo me subí por la puerta acertada y me senté en el lugar perfecto.
-¿Oportuno? ¿Acertada? ¿Perfecto? ¿Para qué?
+Para llegar a conocerte, eché un vistazo por los asientos del vagón y al parar en el 23M, una sensación repentina y conocida, pero ya olvidada me abofeteó. Era la primera vez que te veia, recogida esa melena en un perfecto moño sobre tu cabeza, un mechón de pelo cayendo perfecto sobre tu frente cómo si realmente lo hubieras colocado a propósito. Ojos grandes y vivos, viajando lejos, mucho más lejos de lo que jamás pudiera imaginar y fijos en esa novela que pasaría a ser una burda copia de nuestra historia. Una boca que dibujaba a ratos la sonrisa que envidiaría la mismísima Mona Lisa. Manos finas y siempre, siempre frías con un esmalte de uñas azul, tan eléctrico que casi saltaban chispas. No reparaste en mi, pero yo desde ese dia solo quise conocerte.
-Pero...yo no te conocí hasta...
+Sí... hasta que por fin lo conseguí.
-¿Por qué eres asi conmigo? Quiero decir, ¿por qué yo?
+No lo se, un dia un tren pasó por delante de mi en el momento oportuno, yo me subí por la puerta acertada y me senté en el lugar perfecto.
-¿Oportuno? ¿Acertada? ¿Perfecto? ¿Para qué?
+Para llegar a conocerte, eché un vistazo por los asientos del vagón y al parar en el 23M, una sensación repentina y conocida, pero ya olvidada me abofeteó. Era la primera vez que te veia, recogida esa melena en un perfecto moño sobre tu cabeza, un mechón de pelo cayendo perfecto sobre tu frente cómo si realmente lo hubieras colocado a propósito. Ojos grandes y vivos, viajando lejos, mucho más lejos de lo que jamás pudiera imaginar y fijos en esa novela que pasaría a ser una burda copia de nuestra historia. Una boca que dibujaba a ratos la sonrisa que envidiaría la mismísima Mona Lisa. Manos finas y siempre, siempre frías con un esmalte de uñas azul, tan eléctrico que casi saltaban chispas. No reparaste en mi, pero yo desde ese dia solo quise conocerte.
-Pero...yo no te conocí hasta...
+Sí... hasta que por fin lo conseguí.
4 de enero de 2011
Acabaremos por el principio
Primero, (y como no puede ser de otra forma), para empezar, no os diré quién soy. No, no habrá presentación más allá de todo lo que de mi se pueda deducir por cada uno de los pedacitos que os iré dejando a mi paso.
Consideradme un nombre sin más, de esos que podéis leer en una lista de vuestra facultad, pero de otro curso, o en un anuncio de la prensa, pero de otra época. Un cúmulo de letras que se supone deben representarme, pero que para vosotros solo serán eso, letras.
Pues bien, una vez establecida esta reciprocidad, por la que yo no os exijo (ni mucho menos) saber quienes sois, os hago entrega de una gran parte de mí. Mi mente. Porque todo esto que escribo no es más que eso, grandes o pequeños pedacitos de mi ente, de mi ser.
Podría decirse que he sido desafortunado en el amor, pero más bonito es decir simplemente, que no he tenido fortuna absoluta. Porque claro, quién se atreve a decirse desafortunado por el simple hecho de haber amado. Porque no haya sido el amor que se esperaba, que no haya durado el tiempo imaginado. Cuando te arriesgas queriendo querer a alguien, dejándote seducir por la atractiva sensualidad del caer enamorado. Cuando, sin saber cuando, te das cuenta de que ya has caído en esas cálidas y cómodas redes que te envuelven por completo, como si cada uno de los cabellos de su preciosa melena se confabularan contra ti, arropándote. Porque quién no se ha enamorado sin saberlo. Quién no es consciente del enorme riesgo que ello conlleva porque, parafraseando a Neruda, “es tan corto el amor, y tan largo el olvido”.
De mis amores solo puedo decir, que quise a casi todos, y todos casi me quisieron a mí. Y ahora, en compañía de mi soledad, viendo dos manos entrelazadas, dos cuerpos obviando el espacio vital del otro, fundiéndose en abrazos y besos de pasiones desatadas, cuando sólo te imaginas a una persona con la que desearías hacer lo mismo. Ahí. Te acuerdas de cuando tú eras él y tus recuerdos son ella. Y recuerdo lo mucho que me gustaba, ella entera y todos sus pedacitos. Verla sonreír, y enjugar sus lágrimas sin casi mediar palabra, sólo estando allí, con ella. Escuchar su voz horas, y mirarla atendiendo mis problemas. No ME GUSTA CUANDO CALLAS, si no todo lo que ello representa. El vacío de poder que trae consigo tu silencio, el brillo de esos ojos a cada historia que te cuento.
El último amor es muy reciente, y aún candente. Dejad ahora que me calle, y disfrutad de mi silencio.
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