Bienvenido

Elegantemente torpe
Torpemente elegante

11 de mayo de 2011

Bienvenido a mis recuerdos

Hace ya más de 10 meses que se fue. Y justo ahora que me estoy planteando cuanto tiempo es eso, noto como se me encoje el corazón. Literalmente. No creo que por casualidad, pero mi rutina me ha separado muchísimo de cualquier atisbo de recuerdo, por minúsculo que sea. Ya no tengo por qué pasar por esa calle tan fría. Ya no tengo que esperar el bus apenas unas manzanas al sur. Ya no recibo descargas al ver a una persona menuda con gafas desproporcionadas tras las que se esconden una suerte de ojos que ya no ven más allá de su nariz y su vejez.

No resulta un consuelo. No quiero olvidarla, no puedo olvidarla. Se lo debo. No tengo muy claro que haya un más allá. Que siga velando por mi, como se suele decir. Espero que no lo haga, no me gustaría decepcionarla. Pero contradictoriamente como soy yo, me encantaría que me viera dentro de doce dias. Su nieto por fin ha cumplido veinte años, sigue siendo un niño, claro. Pero veinte ya parecen años suficientes para poder hablar de política, sexo, drogas y rock and roll sin que lo que digas caiga en el saco roto de las inhertes palabras de un adolescente agujereado. Si el tiempo funcionara para atrás, aunque solo fuera en su caso, podría llevarla al teatro y dejarla presumir de abrigo de bisón y nieto resultón. Acompañarla en paseos cada vez más largos y dejarla abrazarme cada vez que soplase una vela más.

Pero no funciona así. Es incansable e imperturbable. Pretende ganarme en esta carrera, pero sé lo que pasará si el gana. Que yo la perderé a ella. Y eso no puede ser, nunca llegarás antes que yo. Ni tú ni nadie.

Por ella.