-Sabes que no me gusta celebrarlo, y más en estas fechas-respondió ella-. Sería muy irresponsable por mi parte.
Ella, como siempre, a pesar de la edad de ambos, pensaba siempre con la cabeza. Gregory, para variar, pensaba con todo lo demás.
-Vamos guapita, no creo que tengas tantas obligaciones como para obviarlo-dijo Greg sin intentar enmascarar el sarcasmo que le caracterizaba.
-Qué fácil es para ti, como nunca tienes nada en que pensar... Sólo te dedicas a jugar, siempre estás jugando, y yo estoy harta de tus juegos. No hay nada que celebrar-respondió con dureza.
Aunque siempre parecía ajeno a todo, este comentario atravesó bruscamente el cuerpo de Gregory. No por el contenido, tantas veces repetido que formaba parte de la rutina de su vida, como si perteneciera a su banda sonora particular. Le dolía oirselo decir a ella, nunca le había disgustado ese aspecto de él. Ella le recompensaba sus esfuerzos con carcajadas siempre que lo merecía, y no habia nada en todo el Universo que hiciera a Gregory más feliz. Nada en todo el ancho vacío, nada en absoluto. Y no oir su risa en su día le enfurecía de sobremanera.
-Pues yo voy a celebrarlo, contigo o sin ti-sentenció, orgulloso de su decisión.
-Eres como un niño, ¿tienes que salirte siempre con la tuya?-contestó ella, sabiendo que una vez más, ella había ganado-¿como vas a celebrar mi propio cumpleaños sin mi?
-Ya me inventaré algo, sabes que soy el Rey de la improvisación-.
-Ese título no existe-rió ella.
-Ahora si, ¿quieres ser mi Reina?-.
Y cambiando el final, dejándole ganar como tantas veces hacía, cogió esa mano que se le ofrecía y, juntos, con sus nuevas coronas, fueron a celebrar que desde un día como hoy hacía un año, ella tiene dieciocho años.

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