Bienvenido. Estamos aquí reunidos para oficiar el funeral de mi propio corazón. Lo voy a enterrar bien hondo, ya lo he puesto a cubierto en una jaula, pero aun por minúsculos que sean los agujeros para que pueda respirar, con cada bocanada de aire se le cuelan motas de recuerdos, partículas de tu nombre, ácaros de sentimientos.
Ya estoy cansado de no poder dormir, desoyendo los sollozos ahogados de un penoso pedacito de mi. Siempre lo he considerado imprescindible, pero el hígado no te causa ese dolor psicológico tan intenso. Odio no poder apagarlo. Un simple click y que todas las penas remitan. Poder sufrir a voluntad, pero solo por lo que consideremos merezca la pena. Poder filtrar lo que te afecte y en que medida.
Olvidar a alguien de verdad, sin ese bofetón de inseguridad que genera volver a verlo. Perdonar a cualquiera con la certeza de que ningún maldito resquicio se quedara al acecho en una aorta carmesí, acumulando fuerza para un día, escaparse hacia la boca con uno de los miles de latidos.
Que placer vivir controlando la infinitud de pequeños descontroles que suponen un corazón desbocado.
Su epitafio: "enterrado por desazones, ya latiendo luego"